martes, 25 de abril de 2017

No se puede, comulgar sin preparación, y no tengo tiempo para prepararme del modo debido –– Por Monseñor de Segur.




   Les puedo asegurar que esto que van a leer pocos católicos lo saben. Una lectura ¡¡¡Imperdible!!!

   La cuestión no está en saber si se puede comulgar sin preparación; claro está que un acto tan sagrado no puede hacerse a la ligera e inconsideradamente. La falta de preparación lleva a la tibieza y hace no solo inútiles, sino hasta peligrosas, las más excelentes prácticas religiosas. Sí, no hay duda: debemos prepararnos y prepararnos con el mayor cuidado y solicitud, para recibir la sagrada Eucaristía; más todavía, cuando nos hayamos preparado bien y muy bien, aun debemos humillarnos ante la presencia de Dios y pedirle encarecidamente que se digne suplir con su misericordia los defectos de nuestra preparación.

   Pero ¿en qué consiste esta preparación? ¿Será necesario multiplicar las prácticas de piedad, hacer largas meditaciones? De ningún modo: muy bueno y laudable es todo esto, y hasta necesario para el que tiene tiempo, más no todos la tienen. La Iglesia que nos exhorta a todos, cualquiera que sea nuestra condición, a comulgar con frecuencia, es la primera en decirnos que ante todo debemos cumplir con las obligaciones de nuestro estado.

   ¿Qué debemos, pues, hacer para disponernos bien? Vivir cristianamente, es decir, orar atenta y devotamente, elevar con frecuencia nuestro pensamiento a Dios, mantenerse interiormente unidos a él, velar sobre nuestro genio a fin de evitar las faltas ligeras, dedicarnos valerosamente al cumplimiento de nuestros deberes para agradar a Dios, y ejercitarnos en la práctica de la humildad y de la mansedumbre. El género de vida que llevamos, esa es la verdadera preparación para la sagrada Comunión; así como la verdadera acción de gracias está en el buen empleo de las horas del día después que nos hemos alimentado con el pan de los Ángeles.
   ¿Qué es lo que te impide obrar así? ¿Se necesita mucho tiempo para pensar en nuestro Señor, y para amarle? ¿Necesitas mucho tiempo para conservarte puro y bueno y para proponerte en todas tus acciones un fin cristiano que las santifique? ¿Necesitas mucho tiempo para consagrar todos tus pensamientos, afectos y deseos a la mayor gloria de Dios? No se necesita más tiempo para ser bueno que para ser malo, ni para vivir por Jesucristo que para vivir por el mundo.

   “La Comunión frecuente, dice Cornelio Alápide, es la mejor preparación para la Comunión. La Comunión de hoy es una acción de gracias de la de ayer y la mejor preparación para la de mañana con la comunión sucede lo mismo que con la oración: cuanto más se ora, mejor se ora y más gusto se halla en orar.”

   “Así, añade San Alfonso María de Ligorio, aun cuando no hayas tenido tiempo para prepararte porque te lo haya impedido una obra buena o una obligación de tu estado, no dejes por eso de comulgar. Basta con que procures evitar toda conversación inútil y toda ocupación no urgente”

   Esto no quiere decir que deban omitirse las oraciones y los ejercicios de piedad que constituyen la preparación inmediata, así como la acción de gracias también inmediata para la recepción del augusto Sacramento. No, la preparación y la acción de gracias inmediata son del todo necesarias como nos lo enseña el papa Inocencio XI, y con él todos los doctores de la Iglesia y todos los maestros de la vida espiritual. Sin ellas, bien pronto debilitaríase en nuestros corazones el sentimiento de respeto a la sagrada Eucaristía, y no tardaría en extinguirse, o por lo menos en languidecer el espíritu de fe. Si podemos disponer de mucho tiempo, consagrémoslo a la Comunión; más si tenemos poco, como sucede con frecuencia, contentémonos con el necesario, y suplamos con nuestro fervor y devoción las horas que no hayamos podido dedicar a la preparación.

   San Francisco de Sales completa los prudentes consejos que acabamos de consagrar en estas páginas, trazando en su “Introducción” la línea de conducta que sería de desear que todos nosotros observásemos, “La víspera, dice, retírate tan temprano como te sea posible, a fin de que puedas recogerte y orar en paz. Por la mañana al despertarte, saluda de antemano al divino Salvador que te está aguardando. Al ir a la iglesia, ofrece tu Comunión a la santísima Virgen, y recibe luego con el corazon lleno de amor a Aquel que se da por amor.”

   Persuádete de que en esto como en muchas otras cosas querer es poder, y de que como lo desees, seguro encontrarás siempre tiempo y lugar para prepararte y comulgar. ¡Cuántas personas de todas condiciones y edades he conocido que parecían estar materialmente imposibilitadas de comulgar con frecuencia, y que, sin embargo, encontraban, inspirándose en su fervor, medio de satisfacer, los deseos de su piedad!

Un caso ejemplar de que querer es poder:

   He conocido un pobre niño que se veía rigurosamente maltratado por sus brutales e impíos padres, cuando estos sabían que había cumplido con sus deberes religiosos; pues bien, este niño se las componía tan bien que, desde su primera Comunión, no dejaba pasar, por decirlo así, un solo domingo sin recibir la sagrada Eucaristía. Levantábase antes del amanecer, salía secretamente, iba a la iglesia y comulgaba; luego daba gracias por el camino, y volvíase a casa sin que sus padres se hubiesen apercibido de su ausencia.

* * *

   Asimismo conozco en Paris a muchas madres de familia que van cada día, tanto en invierno como en verano a Misa primera, a fin de que estando de vuelta temprano, no cansen molestias con su ausencia ni a sus maridos ni a sus hijos.

   Ten igual buena voluntad; inspírate en iguales sentimientos de fe y de amor, y también tú encontrarás tiempo de recibir frecuente y santamente la divina Eucaristía: Vade, et tu fac similiter. Ve, y haz lo mismo.



“LA SAGRADA COMUNIÓN”

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