miércoles, 31 de mayo de 2017

¿Qué es la Confesión? ¿Y si es de absoluta necesidad el confesarse? – Por Monseñor de Segur.




¿Qué es  la Confesion?

   Confesar equivale a descubrir. La Confesión es el descubrimiento que debemos hacer de nuestros pecados a un sacerdote, para obtener el perdón de Dios. Confesarse es ir a encontrar a un sacerdote, a un ministro de Jesucristo y descubrirle con sencillez y arrepentimiento todas las faltas que se ha tenido la desgracia de cometer.

   Los que no se confiesan se forman de la confesión las ideas más extravagantes y ridículas. Una señora protestante que frecuentemente tomaba consejos de Monseñor de Cheverus, obispo de Boston, le decía que la Confesion le parecía muy absurda. “No tanto como os parece, le dijo sonriendo el buen obispo; sin que lo dudéis, vos sentís su valor y su necesidad; porque hace tiempo que os confesáis conmigo sin saberlo. La Confesión no es otra cosa que el contarme las penas de conciencia que queréis exponerme para descargarla.” Aquella señora no tardó mucho en confesarse formalmente y en hacerse católica.

   Por lo demás nada hay más natural que la Confesión. Hasta Voitaire (enemigo de la Iglesia católica), autoridad nada sospechosa por cierto, asi lo confesaba en uno de sus momentos lúcidos: “Quizás no hay, escribía, institución más útil; pues la mayor parte de los hombres, cuando han caído en grandes faltas, sienten por natural consecuencia el aguijón del remordimiento; y solo encuentran consuelo sobre la tierra, pudiéndose reconciliar con Dios y consigo mismos” (Notas sobre Olympia.)

   Así pues cuando nos confesamos descargamos nuestra conciencia de los pecados que la deshonran, y vamos a buscar en el Sacramento de la Penitencia la paz del corazon y la gozosa tranquilidad del alma.

¿Y es de absoluta necesidad el confesarse?

   Absolutamente, querido amigo, y no hay que oponerse. Nuestro buen Dios es quien lo quiere, y él es nuestro supremo dueño. Se suele y  no hay duda de ello pasa (por desgracia), clamar y protestar, maldiciendo este soberano precepto; más Dios es quien lo manda; él mismo ha instituido la Confesión, y sus mandatos e instituciones deben acatarse y cumplirse.

   Al bajar nuestro Señor a este miserable mundo, escogió un cierto número de discípulos a quienes hizo ministros suyos, confiándoles la santa misión de predicar la penitencia a todos los hombres y dándoles al propio tiempo a ellos y a sus sucesores el poder de perdonar en su nombre todos los pecados.

   Y por lo mismo nos ha impuesto a todos, sin excepción alguna, la obligación de manifestar, de confesar nuestras faltas a estos hombres que son sus ministros y sus representantes en la tierra; sin el cumplimiento de esta obligación permaneceremos sumidos en el lodo de nuestros pecados, y después de la muerte seremos castigados con el infierno.

   Es el mismo Dios, es nuestro Señor Jesucristo quien dijo a sus Apóstoles: “Recibid el Espíritu Santo. Serán perdonados los pecados de aquellos a quienes vosotros se los perdonáreis, y retenidos a aquellos que vosotros retuviéreis. Todo lo que atáreis en la tierra, atado será en los cielos, y todo lo que vosotros habréis desatado en la tierra, también lo será en los cielos.” ¿Queréis nada más claro, nada más formal que estas palabras divinas: los pecados serán perdonados a aquellos a quienes vosotros los perdonáreis? Luego es el mismo Dios quien ha instituido la Confesión en la tierra; él es quien nos manda que vayamos a confesar con sus sacerdotes, con el fin de obtener, por su ministerio, la remisión de nuestros pecados, y librarnos del fuego eterno.

   De buen grado o por fuerza es necesario pasar este camino: o la Confesión o el infierno; el infierno de interminables tormentos. A cada uno toca escoger.


“LA CONFESIÓN”


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