miércoles, 20 de junio de 2018

SOBRE LA BURLA – Por San Francisco de Sales.




Una de las peores condiciones que puede tener un espíritu es el ser burlón; Dios aborrece este vicio y frecuentemente aplica saludables castigos. Nada hay más contrario a la caridad, y mucho más a la devoción, que el desprecio y mofa del prójimo. Ahora bien, la burla y la chanza siempre van acompañadas del desprecio; por eso se consideran pecado grave, de forma que los doctores están de acuerdo al asegurar que la burla es la más grave de las ofensas que se puede hacer al prójimo mediante palabras, porque las otras ofensas no excluyen algún género de estima; en cambio, ésta se hace con menosprecio y desdén.

   Cuanto a los juegos de palabras que se entrecruzan unas y otras con cierta modesta jocosidad y agrado, pertenecen a la virtud llamada entre los griegos eutrapelia, que nosotros podemos llamar gracejo; por medio de ella se disfruta de honesta y amable recreación, tomando como pretexto las ocasiones que las imperfecciones humanas ofrecen. Con todo, hay que guardarse de pasar del honesto esparcimiento a la mofa. La mofa provoca risa por el desprecio del prójimo en que se funda, y la jocosidad hace reír por cierta sencilla libertad y confianza familiar que se tiene con una persona, unido ello a cierto sentido ambiguo de la palabra empleada.


Introducción a la vida devota, III, 27.

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