jueves, 8 de marzo de 2018

Las señales de la Predestinación – Por el P. Garrigou Lagrange. O.P






   Como declara el Concilio de Trento (Denz., 805 y 806), no se puede tener, en la Tierra, sin una revelación especial, la certeza de que se está predestinado. Ningún justo, a menos que tenga una especial revelación, sabe si perseverará en las buenas obras y en la oración.

   ¿Hay, no obstante, algunos signos de predestinación, que dan una especie de certeza moral acerca de nuestra perseverancia?

   Los Padres, especialmente San Juan Crisóstomo, San Gregorio Magno, San Bernardo, San Anselmo, a base de ciertas afirmaciones de la Sagrada Escritura, han indicado algunas señales de predestinación, que los teólogos han enumerado con frecuencia como sigue:

   1.°, una buena vida; 2.°, el testimonio de una buena conciencia, pura de culpas graves y dispuesta a la muerte antes que a ofender a Dios gravemente; 3.°, la paciencia en la adversidad, por amor de Dios; 4.°, el gusto por la palabra de Dios; 5.° la misericordia para con los pobres; 6.°, el amor a los enemigos; 7.°, la humildad; 8.°, una devoción especial a la Santísima Virgen, a la que pidamos todos los días que ruegue por nosotros en la hora de nuestra muerte.

   Entre estas señales, algunas, como la paciencia cristiana en las adversidades, muestra cómo la diversidad de condiciones naturales es a veces compensada y hasta superada por la gracia divina. Es lo que llaman las Bienaventuranzas evangélicas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, porque de ellos es el reino de los Cielos.” Llevar pacientemente y por largo tiempo una cruz pesada es una gran señal de predestinación.
         
   Hay, pues, estados indicados como signos especialísimos; una gran intimidad con Dios en la oración, la perfecta mortificación de las pasiones, el deseo ardiente de sufrir mucho por la gloria de Jesucristo, el celo infatigable por la salvación de las almas. El misterio de la predestinación nos advierte que sin la gracia de Cristo nosotros no podemos hacer nada en el terreno de la salvación: Y “¿qué es lo que tenemos nosotros—dice San Pablo—que no lo hayamos recibido?”.

   Pero, por otra parte, la predestinación no hace superfluo el trabajo de la santificación, porque nosotros tenemos que merecer la vida eterna; nadie entrará en el Cielo si no ha muerto en estado de gracia, y nadie irá al Infierno a no ser por su culpa. Recordemos las palabras de San Pablo (Rom., VIII, 17): “Somos herederos de Dios, coherederos de Cristo, sufrimos con El para ser con El glorificados.”



“LA VIDA ETERNA Y LA PROFUNDIDAD DEL ALMA”

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