lunes, 26 de junio de 2017

VISITA A MARÍA SANTÍSIMA – Autor anónimo.




   





Señora y Madre mía, Virgen santísima: El pecador más obstinado que hay en el universo soy yo, el más ingrato de los mortales que te dirige esta tibia plegaria está a tus plantas; el que con sus enormes pecados ha entristecida al cielo y a la tierra, está aquí en tu santísima presencia.

   Al fin llegó la hora, Madre mía, de que tenga la dicha de poderte hablar aquí en este augusto templo; aquí donde me ha conducido tu amante corazón; aquí me tienes, Señora, confundido y avergonzado de mis iniquidades, arrepentido de haberte dado tantos pesares con mi depravada conducta: vengo, Madre mía; a rogarte que intercedas por mí para con tu Santísimo Hijo, para que me perdone; vengo a romper mí corazón de dolor de haberle ofendido.

   Esta es la intención que tengo, este es el deseo más ardiente de mi alma; pero no puedo articular ni una sola palabra digna de tan elevada majestad: mi corazón empedernido con tantos crímenes está seco, mis ojos no se mueven, mi alma está insensible, porque hace mucho tiempo que las pasiones y vicios me tienen encadenado: y no puedo nada, estoy muerto, porque perdí la gracia para darle lugar al pecado; en esta triste condición en que estoy, recurro a tu dulcísimo y tierno corazón, para que me ampares, y por último para que me sirvas de medianera.

   Poniéndome, Virgen Santísima, bajo: tu protección, nada tengo que temer; escudado bajo tu preciosa sombra, estoy a salvo; tus virginales entrañas son el Sagrario augusto donde moró el Señor, el Dios Omnipotente: tú no puedes despreciar las suplidas del que te implora, porque tú eres la Madre cariñosa del pobre pecador: mientras más delitos he cometido, más necesito de tú compasión: tenme lástima, Señora, apiádate de mí, Virgen clementísima, adóptame por tu hijo: llévame ante el Señor, para que en tu santísima presencia me perdone. Dame aliento, Señora, para que pueda postrarme ante el augusto trono del Señor a quien he ofendido; endulza mis labios con el almíbar de tu cariñoso amor para que yo pueda proferir palabras dignas de tan alto Soberano: mueve mi corazón a fin de que exhale suspiros mi alma, y me haga enternecer y derramar lágrimas de verdadera contrición: dame fuerzas para excitar a este mi cuerpo a fin de estar en presencia del Todopoderoso cual corresponde, postrado respetuosamente, con toda la humildad y devoción necesarias, para que mi pobre oración sea grata ante los ojos del Señor. Amén.


Se reza una Ave María.

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