domingo, 29 de julio de 2018

Homilía del R. P. Nicolás López Badra (Prior) – Décimo Domingo después de Pentecostés – Verde, IIa clase – Capilla San Miguel Arcángel – Priorato Nuestra Señora de Itatí – Corrientes Argentina – FSSPX.





Evangelio (San Lucas XVIII, 9-14)



   Jesús pinta aquí con rasgos vigorosos la antítesis entre el puritanismo  orgulloso y la humilde confesión de las faltas. Ni la presunción ni el exhibicionismo están bien, ni tampoco la falsa humildad: la verdad es la humildad, porque la verdad es que todos somos pecadores.

   EN AQUEL TIEMPO: Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de justos, y despreciaban a los demás, esta parábola: “Dos hombres subieron al templo para orar: uno, fariseo, y otro, publicano. El fariseo, en pie, oraba en su interior de esta manera: oh Dios, gracias te doy, porque yo no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana*: pago los diezmos de cuanto poseo. El publicano, al contrario, puesto allá lejos ni se atrevía  a levantar los ojos al cielo: sino que se golpeaba el pecho diciendo: Dios mío, ten misericordia de mí, que soy un pecador. Os digo que éste es el que volvió justificado a su casa, mas no el otro porque todo el que se ensalza, será humillado: y el que se humilla, será ensalzado. **

* Los judíos tenían la obligación de ayunar solamente una vez al año, el gran día de la Expiación; pero los “devotos” fariseos ayunaban, para presumir, los lunes y jueves.

** Sucede a menudo, que Dios escucha mejor las oraciones de los pecadores arrepentidos que las de los justos inocentes, y la razón es que aquellos rezan con más humildad que éstos y así se granjean mejor las simpatías de Dios.



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