domingo, 22 de julio de 2018

Homilía del R. P. Nicolás López Badra (Prior) – Noveno Domingo después de Pentecostés – Verde, IIa clase – Capilla San Miguel Arcángel – Priorato Nuestra Señora de Itatí – Corrientes Argentina – FSSPX.






Evangelio Lc, 41- 47

   EN AQUEL TIEMPO: Al llegar Jesús cerca de Jerusalén, mirando la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: “Si conocieses también tú, por lo menos en este día que se te ha dado para tu paz. Mas, ahora está todo oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te circunvalarán y te rodearán, y te estrecharán por todas partes, y te arrasarán con tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra (1), por no haber conocido el tiempo en que Dios te ha visitado (2). Y habiendo entrado en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en él, diciéndoles: “Escrito está: “Mi casa es casa de oración,” y vosotros la tenéis convertida en cueva de ladrones (3).” Y enseñaba todos los días en el templo.


(1) Esta profecía se cumplió pocos años después, bajo Vespasiano y Tito, según refiere el historiador judío Josefo.

(2) Todo eso le sobrevino a la pecadora ciudad de Jerusalén, por no haber querido recibir la predicación amistosa y caritativa de Jesús, y lo propio acontece siempre a los pueblos y a las almas que se hacen sordos a la predicación del Evangelio. ¿Acaso no lo vemos y comprobamos esto todos los días?

(3) Si Jesús procedió con tanto rigor con quienes, al fin y al cabo, prestaban un servicio útil en el templo, facilitando el cambio de moneda a los israelitas que iban a pagar su tributo a Dios, ¿cómo procedería hoy con los que profanan la iglesia con conversaciones y gestos irreverentes, y con trajes y actitudes francamente deshonestas y provocativas?





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