sábado, 7 de octubre de 2017

Nuestra Señora del Santo Rosario



   Entre las devociones de la Virgen, la más celebrada es la del Rosario, que algunos graves autores dicen ser tan antigua como la Iglesia; pero no hay duda que quien merece y con sobrada razón el título  primer propagador del Rosario, es santo Domingo de Guzmán, por haber sido el primero que lo enseñó y predicó con el método y orden admirable de meditar los misterios de nuestra fe, repartidos en tres clases: de gozosos, dolorosos y gloriosos, que él aprendió de nuestra Señora, y lo transmitió a la Iglesia como cosa venida del cielo para provecho de todo el mundo, culto de la Virgen santísima y gloria del mismo Dios. Se lo inspiró la Reina de los ángeles, para destruir la herejía de los Albigenses, los cuales ponían su lengua sacrílega en la pureza virginal: y por esto quiso el Señor oponer a las injurias hechas a su Madre, alabanzas de su Madre, y por medio de su Rosario, que aconsejó santo Domingo rezasen los capitanes y soldados del ejército católico, que gobernaba Simón de Monforte, les dio una insigne victoria, pues contando ellos con solos ochocientos caballos y mil infantes, y sus enemigos los albigenses con cien mil hombres, perecieron de estos muchos millares, y solos siete u ocho de los católicos. No menos eficaz y poderosa fué la virtud del santo Rosario en la famosa batalla naval de Lepanto. Después que el gran turco Selim II rompió las paces con la república de Venecia, se coligaron con ella el Papa y el rey católico Felipe II, y dispusieron una poderosa armada de que iba por general don Juan de Austria, hijo del invicto emperador Carlos V. Los turcos contaban doscientas treinta galeras reales, con otras muchas galeotas y barcos menores; los cristianos llevaban más de doscientas galeras, ochenta y una del rey de España, ciento nueve de Venecia, y doce del sumo Pontífice, tres de Malta, y otras de caballeros particulares. Al llegar nuestra armada a vista del enemigo, que estaba en el golfo de Lepanto, mandó su alteza enarbolar una devota imagen del Redentor crucificado, y muchas de la Virgen nuestra Señora, y todos puestos de rodillas, confesados y arrepentidos de sus culpas, le suplicaron que les diese victoria de los enemigos superiores en número y orgullosos por sus repetidos triunfos. Acometiéronse después con increíble ímpetu, y se peleó por espacio de dos horas con extraño valor; quedando en breve desbaratada la armada de los turcos: treinta mil con su bajá muertos, diez mil cautivos, ciento ochenta naves presas, noventa sumergidas, quince mil cristianos rescatados, casi trescientos tiros de artillería cogidos, y un despojo incalculable de dineros, joyas y armas. Murieron de nuestra parte seis mil hombres, pero pocos de cuenta. Esta insigne victoria se consiguió en el primer domingo de octubre de 1571, día consagrado a nuestra Señora del Rosario.

   Reflexión: Parecería superfluo el recordar a cristianos la tan saludable devoción del Rosario, si no se viese de algunos años acá tan decaída en muchos, que por otra parte se precian de devotos de María. Además, el pontífice reinante, con sus repetidas encíclicas, no cesa de exhortar a los fieles a tan hermosa práctica. Sigamos, pues, sus consejos, y renuévese en el seno de las familias la piadosa costumbre de obsequiar a la Virgen con el rezo del Rosario, pues así lloverán sobre nuestros hogares las celestes bendiciones.

   Oración: Oh Dios, cuyo Unigénito por su vida, muerte y resurrección nos adquirió los premios de la vida eterna, te suplicamos nos concedas, que meditando éstos misterios en el santísimo Rosario de la inmaculada Virgen María, no sólo imitemos lo que contienen, sino que alcancemos lo que prometen. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

“FLOS SACTORVM”




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