martes, 11 de julio de 2017

LA FRECUENTE COMUNIÓN PARA LOS NIÑOS – Por Monseñor de Segur. (parte I)




   Casi se vería uno obligado a caer, teniendo en cuenta  la ligereza de los niños, que no es posible para ellos una frecuente Comunión, y que en este caso las reglas de la Iglesia solo hacen referencia a los adultos. Nada de esto; y he aquí todavía una de aquellas preocupaciones desastrosas, causa de las ruinas de tantas almas jóvenes, puesto que las entrega indefensas a los terribles ataques de las pasiones.

   Los niños; lo mismo que los mayores, pueden y deben comulgar a menudo; porque Nuestro Señor Jesucristo, que conoce mucho mejor que nosotros esa ligereza qué nos espanta, no les pide más que aquello que son capaces de darle y además, como el maligno espíritu tiende todas sus asechanzas a arrebatarles desde muy temprano el más inestimable de todos los tesoros, que es la inocencia; de aquí que el único medio para defenderse de sus emboscadas y ardides es la sagrada Comunión.

   Ya hemos dicho que nunca se comulga dignamente; bastando para ello recibir al Señor con sincera y buena voluntad. Esto es una verdal tanto para los niños como para los hombres. Cuidándose, pues, la experiencia de enseñarnos que nada hay tan sincero como la buena voluntad del niño que acaba de hacer la  primera Comunión, ¿por qué no se le ha de administrar este santo Sacramento, cuando él ama y a Jesucristo, y desea fervorosamente recibirlo?

   Las más de las veces, mucho más dignos son  ellos de acercarse a recibir el divino Sacramento que nosotros que menospreciamos su piedad; y esto mismo parece indicarnos el divino Maestro cuando dice: “Permitid que se acerquen a mí los niños, el reino de los cielos es para aquellos que se les parecen” El reino de los cielos sobre la tierra es la sagrada Eucaristía.

   Tú me ¡recordarás aquí la ligereza de la infancia. Nada hay más cierto, es verdad: pero por esto mismo es necesario hacerles comulgar a menudo, cuando aman y quieren amar al buen Jesús. La ligereza no es ningún obstáculo cuando no es voluntaria. Para un niño una semana es un mes; a esta edad sucédense rápidamente las impresiones; hácese por lo tanto indispensable repetir con frecuencia estas impresiones cristianas, si queremos preparar para el porvenir hombres fuertes en la fe.

   ¿Me vuelves a decir que la infancia es ligera? Si: soy de tu mismo parecer; pero en cambio es buena y afectuosa; y como es necesario dar el verdadero pábulo (alimento) a su incesante necesidad de amar, resulta de aquí que se hace indispensable procurar se ponga en relación íntima con Jesucristo para alcanzar el fin apetecido, que es su amor. Aunque sean una realidad todas las faltas y todos sus defectos, tienen, sin embargo, poca consistencia; y por medio de la piedad se impedirá que aquellos defectos y faltas pasen a ser vicios.

   Todo niño cristiano, a partir de la primera comunión, debería tener por regla recibir la sagrada Eucaristía todos los domingos y demás fiestas de guardar, si a ello no se opusiesen su director espiritual, o sus padres o sus maestros, por haber observado que le faltaba evidentemente la buena voluntad indispensable para recibirla dignamente: y así todo deberíase, con mucha circunspección, ordenársele el retraimiento porque el peligro de tomar malas costumbres, peligro que hiela el corazon maternal, y que solamente es combatido con eficacia por la sagrada Eucaristía, se presentaría de frente, produciendo males incalculables. ¿Quieres conservar la inocencia: quieres conservar la pureza de tu hijo? Anímale, pues, a comulgar muy a menudo, y no se lo impidas, mayormente cuando a ello fuere incitado por su director espiritual.

   ¡Cuántos padres y cuantas madres; obrando inconscientemente y por un celo mal entendido, son la causa principal de que sus hijos se pierdan miserablemente! ¡A cuántos y cuántos he conocido, que han sido la causa directa y final de aquella misma corrupción que tanto temían!

   No temas, pues, mientras tu hijo asista con frecuencia a la sagrada Comunion: pero si desgraciadamente observares en él negligencia y poco amor a tan divino Sacramento, ¡desdichado de tí! porque todo se puede temer del niño que se aleja de Dios.


“La Sagrada Comunión”

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