miércoles, 8 de febrero de 2017

San Juan de Mata, fundador. — 8 de febrero. (+ 1213)




   San Juan de Mata, fundador de la Orden de la Santísima Trinidad fué natural de Faucón, en la Provenza, y apenas nacido le consagró Su madre a la Santísima Virgen.

   Estudió las letras sagradas y divinas en la universidad de París, donde recibió el grado de doctor, y en el instante en que el obispo le imponía las manos para ordenarle de sacerdote, vióse una columna de fuego sobre la cabeza del santo, y este prodigio se renovó en su primera Misa. En aquel mismo día, al elevar la sagrada Hostia, le apareció un ángel, vestido de blanco con una cruz roja y azul en el pecho, y con las manos cruzadas o trocadas sobre dos cautivos, el uno cristiano y el otro infiel, en ademán de trocar el uno por el otro. Para conocer la divina voluntad y disponerse a su cumplimiento, se fué a donde hacía vida celestial san Félix de Valois. Conversaban un día los dos santos al pie de una fuente, y vieron venir un ciervo que entre las dos astas traía una cruz roja y azul como la que había visto san Juan de Mata en la vestidura del ángel, y con esta nueva maravilla determinaron los dos de, salir del yermo, y de ir juntos a Roma e instituir con la aprobación del Papa una Orden para la redención de los cautivos.

   Hallábase el romano Pontífice dudoso acerca de lo que había de hacer, y estando diciendo Misa en San Juan de Letrán, le apareció también el ángel que vió san Juan de Mata en su primera Misa, por lo cual aprobó con elogio la nueva Religión, y quiso que los que  la profesasen vistiesen el hábito blanco con una cruz roja y azul en el pecho.

   Todos miraban aquellos santos religiosos como ángeles de la caridad y el rey de Francia, Felipe Augusto, les colmó de beneficios. Luego que el santo pasó a África, encendió la fe casi apagada de los cautivos, y a trueque de librarles de sus cadenas, ofrecía sus limosnas a  los moros, su misma libertad y su vida. No pocas veces se vió a punto de ser degollado por los bárbaros, y un día le hallaron en la ciudad de Túnez, cubierto de heridas y tendido en un charco de su propia sangre. Y después de haber rescatado a muchos cautivos y fundado muchos conventos de su Orden admirable en Italia, Francia y España, lleno de trabajos y merecimientos, entregó su espíritu al Señor, a los sesenta y un años de edad.

   Por tres o cuatro meses estuvo expuesto su sagrado cadáver en la iglesia de su convento de santo Tomás, con licencia del Papa Inocencio III, para satisfacer a la devoción de los fieles, los cuales en gran número concurrieron a venerarle, viendo los muchos prodigios que obraba el Señor por su intercesión.

   REFLEXIÓN: Dice el apóstol san Pablo: “Donde está el espíritu de Dios, allí está la verdadera libertad”. (2a. Cor. III, 17). Por esta causa nuestra Religión divina siempre ha sido enemiga así de la esclavitud del cuerpo como de la servidumbre del espíritu. Ella quebrantó para siempre las cadenas de la esclavitud, y a los esclavos, que se llamaban cosas de sus dueños, llamó con el nombre de hermanos y de hijos de Dios; ella rescató a los cautivos de la tiranía de los moros; aun a costa de los bienes, de la libertad, y aún de la vida de sus hijos más amados; y ahora protesta de continuo contra el tráfico que todavía hacen de los negros algunas naciones civilizadas. En orden a la libertad del espíritu, ¿quién duda que valga mil veces más que la fuerza brutal para hacer virtuosos a los ciudadanos?

   ORACIÓN: Oh Dios, que te dignaste instituir la Orden de la Santísima Trinidad, para la redención de los cautivos, por medio de san Juan de Mata, valiéndote de una visión celestial, te suplicamos que por tu gracia, y por sus méritos seamos libres del cautiverio de alma y cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


“FLOS SANCTORVM”

Año 1949

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