martes, 31 de enero de 2017

Milagros de Don Bosco por intercesión de María Auxiliadora “Un secreto para morir tranquilo – año 1866”




   En 1866 Don Bosco, a causa de la extraordinaria extensión de sus obras, había emitido una importante lotería.

   Un día, llególe de Roma una carta bien singular. La marquesa V*** le hacía un pedido y un ofrecimiento cuya sustancia es como sigue:

   Feliz, cuanto se puede ser en la tierra, vivo, sin embargo, con una angustia terrible: el pensamiento de la muerte me causa indecible inquietud, y mi fe no es bastante a sobreponerse a ese involuntario terror. A medida que os escribo, un movimiento convulsivo se apodera de todo mí ser. Pronta estoy a cualquier sacrificio para obtener que esta penosa idea cese de atormentarme y he aquí por qué me dirijo a vos. El tiempo apremia: padezco una enfermedad inexorable y que puede quizás muy pronto quitarme la vida. Aseguradme, os suplico, que la Santísima Virgen, vuestra bondadosa María Auxiliadora, me concederá la gracia de no temer la muerte y de verla llegar con toda serenidad, y yo por mi parte os prometo que, siendo ya Cooperadora de vuestras Obras, seré vuestra servidora y la servidora de vuestros hijos. Mi voluntad y todos mi bienes de fortuna y cuanto me resta de mi vida os pertenecerán; pondré él empeño posible en ser respecto a vos un instrumentó fiel de la Divina Providencia, pero ¡por piedad! que María Auxiliadora me libre del terrible espanto que me causa la muerte.      '

   Don Bosco le contestó a vuelta de correo:

   “Os aseguro que María Auxiliadora os concede la gracia deseada: moriréis tranquilamente y sin advertirlo. Cumplid vuestra promesa y la Santísima Virgen no faltará a la suya”.

   Pasaron algunos años. La marquesa V***, libre de aquellas angustias, llenó con admirable abnegación su compromiso: parecía no vivir sino para los huérfanos de Don Bosco.

   Un día a fines del año 1871, la marquesa dice a su marido, excelente cristiano.

  —Tiempo hace que no he hecho una confesión general; sí te parece me dispondré a ello en los últimos, días del año,

   —Excelente cosa; seguid vuestra inspiración.

   El último día de diciembre la marquesa había terminado su confesión general. Al día siguiente, celebración del año nuevo después de la santa comunión, hallándose reunida en el almuerzo toda la familia, rebosaba de singular contento.

   De repente manda a un criado:

   —Abrid los postigos.

   —Señora marquesa, están abiertos.

   —Abridlos ¡que entre luz!

   Nueva respetuosa observación del doméstico.

   Todos estaban atentos a esta extraña indicación, cuando la marquesa como iluminada por repentina luz, con indefinible acento exclama:

   — ¡Ángel! (éste era el nombre del marido) ¡Ángel! Me muero... Y con una alegría celestial que transformaba su semblante, repitió — ¡Ángel, yo muero, yo muero!... y se durmió en el Señor.

   María Auxiliadora cumplía su promesa.

   Don Bosco recibió esta noticia en el colegio de Varazze, donde se hallaba indispuesto. El marqués terminaba así su carta:

   “YO NO LLORO ESTA MUERTE COMO UNA DESGRACIA, SINO QUE BENDIGO A MARÍA AUXILIADORA COMO AUTORA DE UN INSIGNE FAVOR”

“SAN JUAN BOSCO”


Por el Dr. Don Carlos D´Espiney. – Año 1949



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