miércoles, 16 de noviembre de 2016

REMEDIOS CONTRA LA LUJURIA (Practicar la oración y la lección)




   5°) El quinto medio es la oración y lección devota; y éstas tienen el primer lugar en los defensivos de la lujuria, pues con ellas se arma el cristiano para resistir los asaltos de tan poderoso enemigo. Los israelitas en el desierto vencieron fácilmente a sus enemigos; sólo al pelear contra Amalec fué necesaria la oración de Moisés: cuando oraba, levantando las manos, vencía Israel; si las bajaba, remitiendo el fervor de su oración, superaba Amalec (Éxodo. XVII, 11). Véase la explicación que de esto da San Gregorio: “¿Qué es la causa que contra los otros peleó Moisés con sólo las armas, más contra Amalec además de las armas necesitó la virtud de la oración?” “La razón es que aquí se nos muestra el gran combate de la lascivia, que solo puede superarse con tanta dificultad y tan grande virtud. La oración, es, pues, una arma indispensable en la batalla contra este vicio.”

   El Apóstol San Pablo a este firmísimo auxilio de la oración recurría contra esta clase de tentaciones (II Cor. XII); y el Sábio asegura que nadie puede ser continente si Dios no lo da. (Sap. VIII, 21).


   Todo lo alcanza y vence la oración humilde y fervorosa; la oración derribó los muros de Jericó, y convirtió a Rahab, mujer perdida; la oración de Pablo y Silas hizo temblar la cárcel y rompió las cadenas de los presos; la oración de los discípulos libertó al Príncipe de los Apóstoles; la oración de Daniel cerró la boca de los leones; la oración sacó ilesos de las llamas a los tres niños echados al horno de Babilonia; la oración dió  Judit la victoria; y finalmente la oración alcanzará cuanto pidiere, como dice Jesucristo (Marc., XI). Pues si ella es tan poderosa en todos los trabajos, angustias y tentaciones, armémonos con este poderoso escudo, manejemos esta arma celestial, para salir de la cárcel de la ocasión, para cerrar la boca al león de la lascivia, y para apagar las llamas en el horno de la concupiscencia y derribar los muros de las tentaciones. Lo mismo debe decirse de la lección de las sanas Escrituras, cuyas palabras son: Palabras del Señor, palabras castas, como plata probada por el fuego y muchas veces purificada (Psalm, XI, 7, 11). Más acerca de la oración y de la lección mucho hay escrito para dirección y enseñanza del cristiano.

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