jueves, 20 de octubre de 2016

Asistencia espiritual a los enfermos (Parte III)




AFECTOS QUE SE HAN DE SUGERIR AL ENFERMO

   Las preces, afectos y jaculatorias, que ponemos a continuación, se dirán con voz dulce y suave, y no tan alta ni con tanta insistencia, que moleste al moribundo, ni tan seguidas una tras otra las jaculatorias, que no se le deje descansar un ratito después de cada una.

DE CONFIANZA

   En vuestras manos encomiendo mi espíritu, porque Vos me habéis redimido, ¡oh Dios de verdad y de misericordia!

   Jesús mío, ¿cómo me habéis de negar el perdón, no habiéndome negado la sangre y la vida?

   ¡Oh Señor y Dios mío! en Vos confío, y no quedarán defraudadas mis esperanzas.

   ¡Oh buen Jesús!, ponedme en el interior de vuestras llagas.

   Pasión sagrada de Jesús, tú eres mi esperanza.

   Llagas amorosas de mi Jesús, vosotras sois mi esperanza.

   Sangre preciosísima de mi Jesús, tú eres mi esperanza.

   Muerte santísima de Jesús, tú eres mi esperanza.

   María, Madre dulcísima, Vos me habéis de salvar; apiadaos de mí, pobre pecador.

   ¡Oh María, Madre de Dios y de los pecadores! rogad por mí a Jesús.

   Glorioso Patriarca San José, interceded por mí. Por Vos espero que me miren con compasión Jesús y María.

DE CONTRICIÓN

   Jesús mío y juez mío, perdonadme antes de juzgarme.

   ¡Ah Dios mío! ¡Quién no os hubiera ofendido jamás!

   No, Dios mío, no merecíais Vos, que yo os tratara con tal ingratitud.

   Me pesa, Dios mío, con toda mi alma, y sobre todas las cosas, de haberos ofendido.

   Padre mío amorosísimo; yo me alejé de Vos, desprecié vuestra gracia, os perdí voluntariamente; mas Vos, perdonadme por el amor y por la sangre de Jesucristo.

   Señor y Dios mío, en la vida que me resta, sea breve o larga, quiero amaros de todo corazón.

   Dios mío, yo os ofrezco los dolores de mi enfermedad y la muerte, en expiación de las ofensas que os he hecho.

   Señor mío, harta razón tenéis para castigarme, porque os he ofendido en extremo; pero afligidme, Dios mío, en esta vida, y no me castiguéis en la otra.

   ¡Oh María, Madre mía! alcanzadme un verdadero dolor de mis pecados, el perdón y la perseverancia.


DE AMOR

   Dios mío, bondad infinita y digno de todo amor, os amo sobre todas las cosas; os amo más que a mí mismo; os amo con todo mi corazón.

   Señor mío, no soy digno de amaros, por haberos ofendido; mas por amor de Jesucristo, haced que yo os ame con toda mi alma.

   ¡Oh Jesús mío! quiero padecer y morir por Vos, ya que Vos padecisteis hasta morir por mí en el árbol santo de la cruz.

   Señor mío, castigadme como queráis, pero no me privéis de poder amaros.

   Dios mío, dadme la salvación, para amaros en el cielo con un amor eterno e infinito.
   Jesús mío, yo quiero padecer cuanto Vos queráis, y morir si ésta es vuestra voluntad.

   Señor mío, no permitáis que tenga que separarme de Vos.

   Dios mío, hacedme todo vuestro antes que muera, para que no pueda perderos jamás. Yo desearía amaros cuanto merecéis.

   ¡Oh María, Madre mía! yo os amo mucho y deseo amaros eternamente en el cielo: unidme todo a mi Dios.

DE RESIGNACIÓN

   Dios mío y mi Señor, heme aquí dispuesto a cumplir en todo vuestra santísima voluntad: sólo quiero lo que Vos queráis, deseo padecer cuanto Vos queráis, y morir como Vos queráis.

   Señor mío, en vuestras manos encomiendo mi alma y mi cuerpo, mi vida y mi muerte. Ora me consoléis, ora me aflijáis, yo os amaré siempre, y siempre bendeciré vuestro santo nombre.

   ¡Oh Padre Eterno! aceptad mi muerte; yo os la ofrezco unida a la de mi Señor Jesucristo.

   ¡Oh voluntad de Dios! tú eres mi único amor.

   ¡Oh beneplácito, de mi Dios! te lo sacrifico todo.

   Señor y Dios  mío, desde ahora acepto de vuestra mano con ánimo conforme y gustoso, cualquier género de muerte, que queráis darme, con todas sus amarguras, penas y dolores.

DE DESEO DEL CIELO

   ¡Dios mío! ¿Cuándo llegará la hora en que contemple vuestra hermosura infinita y pueda veros cara a cara?
   Yo os amaré siempre en el cielo. Vos también siempre me amaréis, y de este modo nos amaremos mutuamente por toda la eternidad.

   ¡Oh Dios mío, amor mío y mi todo!

   ¡Jesús mío! ¿Cuándo podré besar las llagas, que por mí os abrieron en vuestra dolorosa pasión?

   ¡Oh María! ¿Cuándo llegaré a verme a vuestros pies, para no separarme más de vuestra compañía?

   Ea, pues, Señora, abogada nuestra, volved hacia mí vuestros ojos misericordiosos.

   ¡Oh Madre mía! mostradme, después de este destierro a Jesús.

AL DAR A BESAR EL CRUCIFIJO

   ¡Oh Jesús mío! no miréis mis pecados, sino lo que habéis padecido por mí.

   ¡Padre mío y Pastor divino de mi alma! acordaos de que yo soy una de vuestras ovejas, por la que sufristeis la muerte.

   Acepto, Jesús mío, el padecer y morir por Vos, que habéis padecido y muerto por mí.

   Vos os disteis todo a mí, yo me doy todo a Vos.

   Vos, Señor, tan inocente y santo, padecisteis por mí mucho más de lo que padezco yo, miserable pecador.

   Amado Redentor mío, me abrazo a vuestros pies, como la Magdalena: hacedme conocer, que me habéis perdonado.

   Padre Eterno, Vos me disteis a vuestro Hijo por mi Redentor, y yo os ofrezco mi vida y mi muerte.

   Dios mío, perdonadme por amor de Jesucristo.

   Jesús mío, es verdad que he merecido mil veces el infierno, pero Vos perdonadme por vuestra infinita misericordia.

   Señor y Padre mío, Vos, que no os apartasteis de mí cuando huía de Vos, no me abandonéis ahora, que os busco.

   Jesús dulcísimo, no permitáis, que me separe de Vos.


“SOCIEDAD SAN MIGUEL”


AÑO 1928

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