sábado, 17 de septiembre de 2016

¿Los exorcismos son cosas del pasado? Declaraciones del Padre Gabriele Amorth. (Año 1998) ¡Imperdible!




   El Padre Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma, la diócesis del Papa, es el autor del libro “Habla un exorcista”. En él se habla de la existencia él demonio, cómo se puede detectarlo, cómo se comporta, cómo se lo combate con los exorcismos, y quién puede expulsar al demonio, la edición en lengua castellana, publicada por Planeta-Testimonio, que incluye una introducción del padre Cándido Amantini y un documento de la Congregación para la Doctrina é la Fe, fue presentada recientemente en Madrid. En esa ocasión el padre Gabriele Amorth efectuó las siguientes declaraciones:

   –– ¿Por qué el satanismo se está implantando en todas partes y, en cambio, el exorcismo se convierte en un tema tabú?

   –– Cuando disminuye la fe aumenta la superstición. El ocultismo siempre ejerce una gran fascinación. Atrae sobre todo con lo que promete: satisfacer las tres grandes pasiones, la ambición (éxito, poder), la riqueza (poseer todo lo que se quiera) y el placer (sexo, gula).

   El exorcismo se ha vuelto tabú porque ya no se cree en la existencia del demonio, como se presenta en la Biblia. Ya no se cree en las posesiones y los maleficios, pensando que son males psíquicos a los que tiene que responder la medicina. Esto conduce a creer que el exorcismo es cosa del pasado, imposible de aceptar en la sociedad actual. Incluso muchos sacerdotes tienen ignorancia o confusión acerca del exorcismo e incluso hay incrédulos en el tema.

   –– ¿Quitar a la Iglesia los exorcismos no es una manera de quitarle signos de salvación?

   –– Sin duda alguna los exorcismos realizados por Jesús eran un signo de que había comenzado el Reino de Dios y que el reino de Satanás había sido derrotado. Son un signo de la divinidad de Cristo, porque los demonios se ven obligados a obedecerle. Un signo de la felicidad futura, porque Cristo ha derrotado a Satanás y las consecuencias de los daños introducidos por él: el pecado, el sufrimiento y la muerte.

   –– ¿Es necesario para un cristiano conocer el poder de las tinieblas?

   –– Si, para combatirlo con la fortaleza de la fe. Todos estamos sometidos a las tentaciones del demonio; Jesús mismo aceptó esta condición humana. San Pablo afirma que nuestra lucha es contra los demonios. El conocimiento del poder de las tinieblas es útil para comprender el mal que hay en el mundo.

   –– ¿Dónde se ve al diablo?

   –– Hay el riesgo de pensar que no existe, que muchos sostienen hoy, pero también el peligro de verlo en todas partes, ante cualquier enfermedad, por pequeña que sea, o cualquier contrariedad. Pero quien tiene ideas claras sobre el demonio sabe distinguir lo que depende de él de lo que no depende de él.

   –– ¿No puede crear falsos miedos hablar del diablo, de los exorcismos, de posesiones?

   –– Los brujos y magos son falsos sustitutos de los exorcistas. (NOTA NUESTRA: Se debe entender los falsos brujos y magos actuando como como curanderos. Pues existen como el mismo Padre lo afirma brujos y magos verdaderos que trabajan con el demonio) En la mayoría de los casos son simples mentirosos, pero cuando están unidos a Satanás pueden causar graves maleficios. Ciertamente no pueden hacer nunca el bien; quienes recurren a ellos para ser liberados de sus males, sólo pueden agravar su condición.

   –– ¿Es decir que los brujos y magos son seudosustitutos de los exorcistas?

   –– Cierto. Se ha conseguido que los cristianos se olviden de que, además del Reino de Cristo, hay otro reino. El centro del mensaje evangélico es la persona de Jesús, único salvador y único maestro. Sólo gracias a Él se vence el mal. Muchos cristianos hoy se dejan guiar por sectas, gurúes, religiones orientales. Y de esta manera dejan el Reino de Dios, abandonan la Iglesia, pierden la fe.

   –– ¿Quiere usted decir que han olvidado que frente al Reino de Dios existe otro reino?

   –– La violencia y la crueldad manifestadas en nuestro siglo tienen un componente satánico. Es evidente en personas particulares (Stalin, Hitler, Pol-Pot) y en movimientos enteros. Por ejemplo las atrocidades a las que llegó el nazismo o el stalinismo no tienen explicación humana. Pablo VI, en su famoso discurso sobre el diablo, el 15 de septiembre de 1972, enumeró algunos signos de la influencia satánica: cuando hay una radical y sutil negación de Dios, que llega a predicar “la muerte de Dios”; cuando el amor ha desaparecido y reina el egoísmo frío y cruel; cuando el nombre de Jesús es atacado con odio consciente y cruel; cuando el espíritu del Evangelio es tergiversado y desmentido. Detrás de todo esto está el impulso del diablo.

   –– ¿Cómo exorcista oficial de la diócesis de Roma ha tenido usted experiencias directas con él? ¿Posee tanta maldad el diablo como dicen algunos?

   –– Su malicia es inmensa porque es un espíritu puro, con una inteligencia no condicionada por lazos materiales. En mi libro cuento muchos ejemplos de ello.

   –– ¿No es el pecado mortal la máxima posesión diabólica?

   –– Debemos distinguir entre el mal moral hecho para arruinar un alma y una posesión corporal. En el primer caso sólo puede tener lugar con el consentimiento del hombre, y la salvación sólo llega a través de la conversión. En el caso en que el diablo toma posesión de un cuerpo o es causa de maleficio, el alma no da su consentimiento. De aquí se deduce que debemos temer más al pecado, que depende de nosotros y es una entrega del alma a Satanás, que temer los males que el demonio puede causar a nuestro cuerpo.

   –– ¿Cómo es el oficio de exorcista?

   –– El ministerio de exorcista es una tarea comprometida y fatigosa. El sacerdote que lo cumple está espiritualmente alerta, se siente en contacto con el mundo invisible y esto ayuda a la fe, además de la posibilidad de hacer mucho bien. Las más de las veces basta con dirigir a las personas afectadas hacia una vida cristiana comprometida. ¡Son tantos los que hoy se profesan creyentes, pero no practicantes! En los casos en que hay una influencia satánica, se libera de males terribles a las personas atacadas por el demonio.


Fuente: (AICA)

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