viernes, 30 de septiembre de 2016

La mala prensa (leyenda de Gutenberg y Satanás)




   Es también curiosa esta otra leyenda: la del encuentro de Gutenberg, inventor de la imprenta, con el diablo.

   Gutenberg, hacia el año 1400, tuvo la gran dicha de ver salir de su rudimentario taller el primer libro impreso, y este era el mejor de la humanidad, el libro digno de que con él se consagrara la gran invención: la Biblia.

   Cuando Gutenberg sacó de la prensa la primera copia, la tomó en sus temblorosas manos, la besó y la estrechó contra su corazón, como un padre feliz hace con su recién nacido primogénito.

   Pero he aquí que, mientras el gran inventor se encuentra inundado de gozo por la gran victoria, se le aparece el mismísimo Satanás, sonriéndose repugnante y sarcásticamente, y, golpeándole con una mano en las espaldas, le grita:

   ¡Bravo, amigo!... Tú has hecho hoy a nuestra causa el mayor de los servicios. Te estoy agradecido y te ofrezco la mitad de mi reino...

   Gutenberg, espantado, miraba al extraño interlocutor, sin comprender una palabra de lo que decía....

   –– ¿Qué quieres decir?..., preguntó.

   Y Satanás, con una sonrisa cada vez más repugnante, le repitió:

   ––Si, me has hecho un servicio de oro... Has fabricado un arma para mí... que vale, ella sola, por un ejército de los más astutos y valientes demonios. ¡Ah, Gutenberg..., la victoria es nuestra!... Hoy la tenemos en la mano. Si tantos siglos de lucha contra Dios fueron esfuerzos inútiles, hoy tu intervención reanimará nuestra suerte. ¡Es nuestro desquite, el desquite de Satanás!...

   –– Pero no comprendo... no puedo comprender… –– murmuró Gutenberg, con la palidez de la muerte en el rostro, herido en lo más vivo del corazón, como lo puede estar un padre a quien se le repite: ¡Tu hijo es un miserable, es un criminal!...

   Y, con un movimiento enérgico, Gutenberg coge el libro acabado de imprimir y se lo muestra a Satanás.

   –– ¿Ves? Esta es la Sagrada Biblia. Yo la haré correr por el mundo en miles y miles de ejemplares a poco precio. La regalare a los pobres, como se regala un pedazo de pan. De esa manera todos los hombres la podrán leer, la podrán estudiar... Y la Biblia, tú lo sabes muy bien, es la historia de tus derrotas, es la historia del amor de Dios, de tu perversidad, oh Satanás!...

   Satanás a estas palabras, rechino los dientes, como desgarrado por un atroz martirio, vaciló un instante, pero, volviendo a su sarcasmo, continuó amenazador:

   –– ¡Rechazas, oh Gutenberg, la gloria y las riquezas que te he propuesto!... Pues bien ¡oh miserable, imprime tu Biblia... si, la historia de mi tormento! Imprímela en miles de ejemplares... pero voy a decirte lo que pienso hacer en adelante...

   Y, ante los ojos de Gutenberg, desfiló una extraña visión.

  En un taller, como jamás él lo había visto, centenares y centenares de obreros trabajaban febrilmente.

   Máquinas enormes, como monstruos, engullían pliegos inmensos de papel blanco, y al momento arrojaban de si hojas impresas, libros, carteles, ilustraciones, periódicos, etc.

   –– ¿Qué es esto?, pregunto Gutenberg, espantado.

   Y Satanás, triunfante y sarcástico, le respondió:

   –– ¿No la conoces? Es tu máquina de imprimir.... Tú la has inventado, y mis fieles servidores la llevaran hasta el súmmum de la perfección, de modo que pueda correr con la velocidad del relámpago... Pero esto ¡no te debe interesar mucho!... Acércate a aquella pila de papel impreso, toma y lee... Es la victoria que te he preanunciado... No es la Biblia que tú tienes en las manos....

   Y la mirada de Satanás manifestaba todo el orgullo del triunfo.

  Gutenberg se acercó a aquel montón de papeles impresos que la potente maquina vomitaba, como un río represado y de manantiales inexhaustos.

   Tomó y leyó

   Como buen cristiano y hombre honrado que era, no tuvo necesidad de leer mucho.

   Llenósele el corazón de profunda indignación. Enroscó la hoja y se la lanzó a Satanás a la cara, gritándole:

   –– ¡Que indignidad!.... ¡Que miserable eres!... Pero no te reirás de mí, no te servirás de mi obra.

   Tomó en sus manos una gran maza, la levantó sobre la preciosa invención...; unos pocos golpes y todo quedará hecho pedazos...; pero Satanás no se reirá.

   Y he aquí que, cuando la maza estaba para descargar su golpe, impulsada por toda la energía de un hombre generoso y desesperado, le detiene una mano invisible, y una voz grita:

   –– ¿No, Gutenberg!... ¡No arruines la obra de Dios!

   La imprenta en manos de Satanás será el instrumento de la perversión, de la corrupción, de la mentira. Pero la imprenta en manos de Dios será el apóstol de la verdad y de la luz; será el sol que ahuyentara las tinieblas, será otra victoria que el Triunfador del Gólgota podrá escribir en su libro de oro...

   Gutenberg miró a la cara de su nuevo interlocutor... ¡Era un ángel!... Se puso de rodillas, para dar gracias, y adorar el poder y la sabiduría de Dios...

   Satanás, humillado, escondido en un rincón, quiso no obstante decir una palabra:

   –– Pues bien, acepto el reto. Será un gran duelo: tu Dios contra mí, Satanás...

   Y desapareció entre horribles carcajadas.

   Es una mera leyenda, ya lo hemos dicho. No debemos confundir la leyenda con la realidad. Satanás, realmente, se ha aparecido: la historia cita casos en los que no se puede poner en duda la intervención personal del demonio. ¿Se habrá también aparecido a Gutenberg?

   No nos interesa saberlo. Lo que esta fuera de toda discusión es el hecho de que Satanás se ha servido y continúa sirviéndose de la prensa para envenenar las almas con el error y la inmoralidad.

   “Si se apareciesen de repente las almas condenadas por las malas lecturas, quedaríamos maravillados de su número, decía De Maistre: Si los libros nos pudiesen hablar, nos revelarían cosas increíbles sobre el apostolado de perversión que han ejercido en las almas.”

   También hoy el impreso malo, los libros y periódicos sectarios o inmorales, son una peste, y una peste horrible, que produce estragos inmensos en las almas.

   En las calles, en las más insignificantes aldeas, en todas las esquinas, se exponen las más lubricas caricaturas, las más asquerosas figuras en colores, las más inmundas pornografías, que sonrojan a las almas aun honestas, pero que mientras tanto atraen la curiosidad de los muchachos que van a la escuela y que se arremolinan junto a ellas, y que en aquellos impresos y en aquellas figuras aprenden vicios y corrupción; mientras la misma civilización pagana quería que ante los ojos de los niños se levantase un baluarte de pudor; máxima debetur puero reverentia: al niño se debe la máxima reverencia.

   Libros y periódicos escritos en estilo tabernario, impreso tan mal, que al día siguiente no son ya legibles, corren aún en las manos de muchos, porque excitan las malas pasiones y satisfacen todas las curiosidades, licitas o ilícito, poco importa. Así es, bajo el hermoso cielo de España, entre las fragantes rosas y los cándidos lirios perfumados, se publican una cantidad de libros obscenos, cuyo contenido es capaz de ruborizar a un negro; bajo el amplio manto del arte romanesco y novelesco, se esconde la desecha mercancía.

   Amados lectores: escucharemos la voz de la conciencia, la voz del Papa y de los Obispos: no nos entreguemos jamás a la lectura de libros, periódicos, revistas, si antes no estamos seguros de su bondad. Obrando de otra manera, a través del papel impreso, nos inoculará Satanás su diabólico veneno de muerte.


“EL DIABLO”

¿Existe? ¿Quién es? ¿Qué hace? ¿Cómo se vence?

DESIDERIO COSTA, S.P.


Pía Sociedad de San Pablo, Año 1940

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